
Noche de dos locos sociedad, maestros de pensamiento, ilusionistas de palabras…
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Esta noche se presentaba como otra cualquiera, cargada de insomnio, sin compañía sentimental, ni vicios de los que disfrutar, pero sorprendentemente a las dos de la madrugada se presento en mi puerta un viejo conocido. Toc, toc, toc. Me levante tranquilo a pesar de lo alterado de mi ánimo, gire el pomo lentamente, y abrí la puerta con cautela. Ni si quiera me sorprendió su rostro, hacia meses que no le veía pero era como si algo dentro de mi ya le esperara. Se sentó sin permiso en uno de los primeros sillones que encontró, deposito sus manos sobre sus rodillas, alzo la cabeza para mirarme a los ojos, yo de pie todavía expectante y me dijo.
- ¿Has despertado ya? -Mantuvo su firme mirada.
- Mis disculpas, esta noche no tengo vino.
- Hacia tiempo que quería hablar contigo, vengo de propio a dialogar aquí. -Descendió la mirada, con mera intención de que yo me preocupara. Era mi antiguo maestro, me dejaba llevar por él, sabia que no estaba triste, que no le ocurría nada, pero aun así le pregunte, por que él así lo quería.
- ¿Cómo te va todo? ¿Qué necesitas?
- Estaba sólo como todas las noches en mi viejo granero, arto de mi entorno, con gente banal, necesito explotar mentes, tengo que irme de aquí, me siento encarcelado, y los presidiaros de esta cárcel no son suficientes para mi iluminar.
- Si vienes en busca de diversión tengo mucho que contarte. -También quería mostrarle mi independencia, bueno en si no quería hacerlo, por que necesitar mostrarle ese algo era signo de mi dependencia hacia él, mejor dicho solo quería fluir en la noche.
- Tú puedes hacer mucho más que eso, no entiendo por que te dedicas a deambular por las mentes, curando su dolor. No eres más que el Doctor Tiritas, despiértales, hazles entender como funciona la estructura del pensamiento para que ellos mismos se pongan esas tiritas. Hazles libres de pensamiento. -Movía las manos con mucho carisma, incluso me recordaba a mí, se levanto en busca de vino, al rato, se giro, y brindo conmigo con una copa imaginaria.
- El día que fluí a la perfección con el pensamiento, no me sentí libre como tú dices, me sentí atado, obligado a ir curando el dolor, a ir despertando. No quiero hacer florecer en cualquiera esta necesidad, este martirio de vida del servir, no me lo permitiría.
- Aún tienes mucho que aprender, -usó mi hombro de apoyo, para fortalecer su discurso- si no despiertas a la gente, es por que aun no has profundizado en el pensamiento lo suficiente, tu tienes un talento natural -estoy seguro de que esto ultimo se lo dice a cualquiera- veo a locos día y noche parlotear del conocer, te recomiendan libros simplones con absurdas técnicas, brindemos de nuevo por nuestro entendimiento… -así lo hicimos.
Mi noche de fatiga se había convertido en una noche de euforia, los dos tipos, nos encontrábamos ebrios sin haber usado alcohol, autoinducidos por emociones elegidas, capaces de volar cualquier distancia, bendita mente. Ambos dos nos encontrábamos emocionados, extasiados, por un sin fin de sensaciones, por un cúmulo de placeres por descubrir, por este abrir y cerrar de ojos.
La noche no se hizo tan larga como esperaba, sin darme cuenta me encontraba sosteniendo la misma puerta entreabierta de hace unas horas, mientras él se marchaba. Es entonces cuando me tranquilizaba, cuando pensaba por mi sólo y no por las dos mentes que antes había en la habitación, cuando mi mente implosionaba, siempre ocurre lo mismo, por muy lúcido que te encuentres en el despertar, estas cohibido por el cúmulo de sensaciones, necesitas regresar a un estado de relax, para poder fluir de verdad.
Pum! Bienestar… ya no necesitaba nada, ya no necesito nada, ya no estoy, ya no soy yo, yo convertido en universal, me dispongo a dormitar un par de horas en esta cama de paja, por que mañana no seré un yo deambulante, sino un espejo de vuestras almas.