Si resulta que algo que no existe, ergo aparece sin existir, negamos su existencia y nos pasa desapercibido debido a que es imposible de concretar en una de nuestras categorías Kantianas. Por muy palpable y real, poderoso, legalizador o humilde que sea, para nosotros no existe y su evidencia nos afecta de forma pasiva aunque nosotros no visualicemos el cambio activo.

Siendo claros, si el tiene conciencia de nosotros, pero nosotros no lo entendemos y por lo tanto no lo categorizamos, a nosotros no nos acontece él, nosotros le acontecemos a él al contrario de como se ha creído a lo largo de la historia con los descubrimientos humanos creyendo que es cosa del ser humano y en verdad somos cosa de lo que se descubre. ¿Y que o quien es él? No lo sabemos, solo podemos entender que le acontecemos.

Es por ello que algunas actividades como el disfrute mental, el desarrollo del ámbito científico y otras tantas cosas que resultan beneficiosas para el hombre y son castigadas por tantas religiones. Podemos entender que si de algún “ente” se tratara, el desarrollo seria beneficioso. Pero no entendamos “ente” como algo como nosotros, sus categorías no tienen cabida en nosotros como sujetos, de ser lo contrario le conoceríamos.

Aunque no podamos definirlo directamente debido a la falta de nuestro entendimiento podemos abordar ciertos acontecimos en los cuales nos sentimos protagonistas sin serlo. Esos acontecimientos que creemos que son del hombre cuando en realidad pertenecen a la naturaleza. El resurgimiento del ateismo, y la intención bélica para con la espiritualidad, no es más que una reparación del Ego Humano.  Reclamando consideración, entiendo se podría hablar de sujetos (trajetos), basados en las relaciones con los demás, y a este “ente” concebido como A-jeto. Entendiendo esto como un ser con falta o ausencia de sujeto es decir un espíritu.